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EL ESCLAVO QUE SALVÓ A UN LIBERTADOR PDF Imprimir Correo
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Cultura | Viernes, 03 de Febrero de 2012 14:30

Los últimos descendientes de los Cabral conocían, de generación en generación la historia de sus antepasados, incluida la de algunos criados, a la mayoría de los cuales apadrinaron al bautizarlos en el convento de Santo Domingo, “a la vista de la estancia”.

 

 En el incendio que arrasó el 2 de agosto de 1818 el convento de Santo Domingo (a manos del ejército misionero del “indio Andresito”) se perdieron los comprobantes de bautismos de Francisco Cabral y de Carmen Robledo, del casamiento que los unió, del bautismo de Juan Bautista, o de otros hijos que probablemente tuvieron”.

 Esta ausencia legal facilitó la impostura de convertirlo en “hijo de un Cabral”, al que se agregó la leyenda de una supuesta participación en las invasiones inglesas de 1.807 a través de una carta apócrifa fechada en Buenos Aires el 19 de agosto de 1807, dirigida a Luis Cabral.

 A un periodista porteño en el centenario del combate de San Lorenzo, Transito Cabral de Lafuente, madre de doña María de Los Dolores Lafuente, conocida en el pueblo como “Lola” Lafuente, ultima descendiente directa de los Cabral, que vivió y murió en la casa actualmente ocupada por el museo histórico, le dio una respuesta aclaratoria, “que Juan Bautista no era su pariente” interpretada por el visitante como el rechazo de cualquier vinculo de sangre entre Juan Bautista y la familia Cabral. En realidad significó  la aclaración a una pregunta capciosa del periodista, ¿en que rama familiar había negros entre los Cabral?, que debió tener el repudio colectivo por el tratamiento despectivo a un héroe nacional. Paradogicamantente, a la familia se le adjudicó la leyenda del rechazo. De esto derivó el hiriente interrogante lanzado por el mismo periodista, “¿que tradición oral o familiar podría tener este hijo de criados?”, que al evocar “Lola” Lafuente el 24 de Junio de 1953 su propia respuesta, súbitamente enardeció: “¡Claro que lo tenía! ¡Y que tradición familiar de la Juan Bautista! En verdad, no tuvo la misma sangre, pero es el más glorioso de los que vivieron en esta casa, y con todos los Cabral comparte la misma tradición!”.

 Pocas cosas trascendieron de la niñez y juventud de Juan Bautista Cabral, transcurridos en  el discriminado mundo de los criados, cruel desde la vestimenta de los niños para diferenciarlos de los hijos de los amos, similar  en todo el Virreinato. Hombres y mujeres ofertados como objetos, sin importar el talento, las virtudes o sentimientos que como seres humanos debían estar dotados. Tuvieron en cambio tratamientos de mercaderías. Solo los libros parroquiales de bautismos, casamientos o defunciones certificaban el transito por la vida de la mayoría de los esclavos.

 Ha sido, a la hora del combate un granadero sin rango. En el Parte de la Victoria, el mismo San Martín lo llamó “Granadero Cabral”, y al retornar a Buenos Aires, el 6 de marzo de 1813, ordenó colocar en la puerta del cuartel un tablero con la inscripción “Al soldado Juan Bautista Cabral, muerto en la acción de San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813”.

 Pero salvarle la vida dos veces en un minuto era un acto merecedor de un ascenso “pos morten”, inédito en el país, que más tarde serviría de antecedente para instituirlo en el Ejercito Argentino por la muerte heroica en actos de servicios.

Ningún investigador de Mitre en adelante pudieron  hallar la resolución del ascenso, por olvido en redactarla o por haberse extraviado, aunque parece  avalado por resoluciones posteriores del mismo San Martín, que al regreso al cuartel de Retiro, al pasar lista en la formación d e la tarde era llamado en voz alta y el sargento más antiguo respondía “¡Muerto en el campo del honor, pero vive en nuestros corazones!”, ¡Viva la Patria Granaderos!”, que hasta hoy perdura. Refiere Pedro Pablo Hass, militar de carrera en su libro “Juan Bautista Cabral, Soldado Epónimo” que al contestar el sargento más antiguo afirma la misma jerarquía para el homenajeado. Los honores póstumos establecidos por San Martín, confirman, aunque no hubiese escrito ninguna resolución “pos morten” lo promovió a Sargento, y a partir de entonces, el granadero Cabral, sería para siempre “el Sargento Cabral”.

 La importancia y significación asignada por San Martín a la heroica actitud de Cabral, están condensados en resoluciones en las que Cabral es el único de los muertos en San Lorenzo, hubieron dos oficiales y dos suboficiales, y solo para Cabral ese homenaje. Pastor Obligado refiere que entre los homenajes a Cabral mandó a erigir un cenotafio en el Campo de la Gloria de San Lorenzo (el cenotafio es un monumento funerario vacío) y el Triunvirato a instancias  de San Marín dispuso levantar una estatua del héroe en el cuartel.

 El 12 de agosto de de 1904 al crearse la Escuela de Suboficiales con el nombre de “Sargento Cabral”, quedó testimoniado el reconocimiento del Ejercito Argentino, el ascenso “pos morten” dispuesto por San Martín. Finalmente, el 22 de junio de 1971, el Ejercito Peruano, le otorgó la Gran Cruz al mérito militar con el grado de Oficial y un diploma con carácter de póstumo, que se exhiben en el Museo del Regimiento de Granaderos a Caballos.

 El acto  heroico de San Lorenzo salvó para la historia el nombre de Juan Bautista Cabral, quien si hubiese muerto en circunstancias más oscuras del combate, sería otro de los tantos negros argentinos que se ofrendaron por la patria en las batallas de la independencia.

 Fuente textual: “Vida de Juan Bautista Cabral y Memoria de su pueblo”. Ramón Julián Blanco, Moglia Ediciones.